Miedos y ansiedades de las infancias y adolescencias

Si bien los miedos y ansiedades son constitutivos de lo humano, estos últimos años que han incluido grandes crisis sociopolíticas y económicas, guerras y una gravísima pandemia con sus efectos –observables, sobre todo, en las niñas, niños y adolescentes–, considero que son hechos no suficientemente dimensionados. Cada vez más tempranamente se presentan situaciones reiteradas de autolesiones, intentos de suicidio o suicidios consumados en adolescentes e incluso niños. Asimismo, se incrementan los diagnósticos de TEA (Trastorno del Espectro Autista), Depresión, Trastorno de Ansiedad Generalizada, TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), que se expanden como respuestas simplistas en las cuales predomina el abordaje medicalizador, sin que se cuestione el contexto ni la soledad en la que se encuentran muchos de los sujetos que nos consultan.
En el año 2024 (cuando muchos miedos que creíamos ya superados volvieron a cobrar vida para numerosas personas en Argentina) junto a un grupo de integrantes del Forum Infancias estábamos planificando un evento para el Día de las Infancias y propuse construir un “Tótem Come-Miedos”, con una boca muy grande que pudiera tragarse la mayor cantidad de temores posibles. Inspirados en el Archivo General y Depósito de los Miedos del Tríptico de la Infancia de Rosario, armamos un formulario cuya consigna era: «Dejo este miedo para que quede aquí guardado (podés escribirlo o dibujarlo)». Se solicitaba además proporcionar el nombre (optativo), la edad y la ciudad e incluía una constancia que se le entregaba al depositante una vez recibido el miedo.
Nunca imaginamos los efectos que se generarían… A partir de una propuesta que ponía los miedos a jugar, la experiencia comenzó a rodar por diferentes espacios, ciudades y nos sorprendió a todos los que participamos de ella. Se trató de lo imprevisible de un acontecimiento, esos hechos que transforman a sus participantes.
Con su presencia, el tótem producía un agenciamiento singular y colectivo; los niños iban y venían y compartían más y más miedos; los adultos los observaban y se animaban también a depositar los suyos. Se trataba de una escritura que se alimentaba de los encuentros y cambiaba según los escenarios en los que circulaba. El tótem viajero tenía el poder de afectar y, a su vez, de ser afectado. Encontramos que algunos temores eran comunes, otros singulares, otros muy autóctonos, algunos privadísimos. Se trataba de un pensamiento vivo, de un trazado colectivo, de una cartografía en construcción que evidenciaba las urgencias de este tiempo.
A partir de esta experiencia surgió la idea de armar una investigación y escribir un libro para profesionales Miedos en juego. Cartografías de ansiedades y temores en las infancias y adolescencias y un libro para niños y no tan niños Tótem Come-Miedos, ilustrado por Laura Jaite, ambos publicados por la editorial Noveduc (2025). No se intentó realizar un mapeo de todos los miedos posibles, sino que se priorizaron algunos recorridos. Por eso es una cartografía en construcción que invita a ser pensada desde distintos puntos de vista, diferentes disciplinas, así como implica la época, la política, la clínica, la educación, las redes sociales, la perspectiva de género, la interseccionalidad y la interdependencia. Somos con los otros, y nuestros miedos también adquieren mayor consistencia (o la pierden) en los encuentros con otros, en un contexto determinado.
En esta experiencia también hay una dimensión artística en juego que busca des-sujetar posibilitando nuevas perspectivas. Son los grupos, los colectivos –constituidos por sus mitos, sus sueños, sus ansiedades y sus miedos– los que pueden cartografiar sus modos de ocupar el territorio, sus prácticas, sus organizaciones materiales y simbólicas. Se trata de una actividad vital, una experimentación en acto, una apuesta deseante,
Es preciso señalar que la propuesta del Tótem Come-Miedos no es exclusivamente terapéutica, ya que justamente la idea es que puede construirse en distintos ámbitos (escuelas, plazas, consultorios, espacios familiares). Sin embargo, si estos miedos luego pueden recolectarse y ser trabajados con adultos disponibles a alojarlos, es factible que haya efectos sobre las subjetividades.
Hay miedos, ansiedades y angustias que son ancestrales; otros que se pasan de generación en generación; algunos son políticos; ciertos miedos surgen a partir de vivencias escolares difíciles; otros, de cómo se transita la ma/paternidad, y muchos exacerbados por la telaraña digital en la que estamos inmersos, que atrapa especialmente a las niñas, niños y adolescentes y se entrelazan con odios, inseguridades y ansiedades que allí se fogonean. Si bien estos afectos también son primarios y constitutivos, su actual uso político, económico y social es muy significativo y los recursos tecnológicos para agitarlos, así como el empleo del algoritmo para sujetarnos, son de temer. Aparecen conceptos como el acoso escolar, bullying, ciberbullying o ciberacoso; el acoso sexual pederasta a través de las redes o grooming; el FOMO, temor a perderse algo; así como el temor y a la vez la búsqueda de etiquetas diagnósticas con las que identificarse. Diferentes modos de poner en juego los miedos y de abordarlos tanto en ámbitos clínicos como educativos.
Cartografiar los miedos no es solo armar un inventario, es construir una trama sostenedora; es percibirnos inmersos en ese tejido del que formamos parte y que a la vez nos con-forma; es saber que la vida es con otros en el aquí y ahora; que la creatividad y el juego potencian lo vital; que somos, en tanto diversos, entramados en esa pluralidad. Es construir territorios de tozuda esperanza para recomenzar todas las veces que sea necesario, para afectar y ser afectados, para generar lazos de ternura con ese otro que sufre en tanto otro, pero quizás también en tanto semejante.
¿Cómo pensar/nos en tiempos de ruptura y ataque activo a los lazos, en épocas del otro visto como un enemigo a eliminar; en momentos en que las personas pasan de ser ciudadanos con derechos a ser consumidores/consumidos por un mercado voraz que los etiqueta y los descarta?
Es preciso salir de este estado de perplejidad, encontrarnos con otros y recuperar la ética del semejante y apostar a que los miedos compartidos pesen menos. Tendremos que construir espacios de resistencia creativa y colectiva que ubiquen en el centro la vida con otros, repotenciándonos en los buenos encuentros que fortalezcan las pasiones alegres y el buen-vivir.
Gisela Untoiglich es doctora en Psicología, UBA. Miembro fundador de Forum Infancias.
Fuente Página 12
